"Este es mi Hijo, el Elegido, escuchadlo"
La transfiguración de Jesús es una invitación a buscar el monte mas cercano y adecuado para Dios para tener la experiencia de los discípulos, el camino, las dudas y la claridad de la vida.
II Domingo de Cuaresma
Año litúrgico 2024 - 2025 - (Ciclo C)
Tiempo para orar
Para hacer oración, así como la haces en un rincón de tu casa, también la puedes buscar tu montaña, aquel lugar que consideres alto y silencioso para meditar con Dios sobre lo que estás viviendo, los problemas de salud o de relaciones que te quitan el sueño, también sobre el futuro. Cada día parece que andamos ensimismados en lo espectacular, en querer más de algo. Encontrar el tiempo para orar, pensar, donarse, contemplar, suele estar reservado para los momentos emergentes.
Tu fuente de oración
En el Tabor de tu vida, en la Ley de tu comunidad, en tu Sinaí, allí te estás perdiendo la experiencia de saborear un poco muy poco de la eternidad; no permitas que se ausente aquel mañana en una pisca de presente. La transfiguración de Jesús no se desarrolló en la construcción de un templo o sobre el asno humilde que entró a Jerusalén. La transfiguración traspasa un signo material, es una dimensión más allá de lo humano, más profundo que tu propia respiración. En el cuadro espectacular del momento que empaña los ojos de los discípulos, al centro está Jesús, el mismo que dentro de algunas semanas entregará su vida por amor a la humanidad.
Oración y acción
El tiempo para orar, la fuente que la inspira y dinamiza no se ve en lo teórico o en una oración de paporreta. Se ve en la calidad y densidad de vida. Entonces, te desconectas de tus vicios y vacíos para nadar como delfín en el mar de la vida, o como focas, morsas y leones marinos en el mar y asumiendo la torpeza del caminar de esta tierra; Pedro lo vivió. En el fondo, tanto Juan como Santiago, son parte de los millones de seres humanos que han encontrado su vida en la oración con Jesucristo, una realización espiritual en la palabra de Jesucristo, una felicidad inexplicable en los efectos de la Palabra de Dios.
En esta cuaresma no te niegues un instante para descubrir los ríos eternos de tu existencia, para mirar en la profundidad de tu corazón, para alegrarte por los descubrimientos y el acompañamiento que te regala la Palabra de Dios. A lo mejor Dios quiere que te separes un poco del mundo y subas a un lugar más visible para él. El silencio suele ser pacificador y esperanzador en los proyectos de Jesús. El conocimiento del alto cielo no se parece mucho a la exposición necia de nuestras superficialidades.
Palabra del papa Francisco
El redescubrimiento cada vez más vivo de Jesús no es fin en sí mismo, pero nos lleva a «bajar del monte», cargados con la fuerza del Espíritu divino, para decidir nuevos pasos de conversión y para testimoniar constantemente la caridad, como ley de vida cotidiana. Transformados por la presencia de Cristo y del ardor de su palabra, seremos signo concreto del amor vivificante de Dios para todos nuestros hermanos, especialmente para quien sufre, para los que se encuentran en soledad y abandono, para los enfermos y para la multitud de hombres y de mujeres que, en distintas partes del mundo, son humillados por la injusticia, la prepotencia y la violencia. En la Transfiguración se oye la voz del Padre celeste que dice: «Este es mi hijo amado, ¡escuchadle!» (v. 5). Miremos a María, la Virgen de la escucha, siempre preparada a acoger y custodiar en el corazón cada palabra del Hijo divino (cf. Lucas 1, 51). Quiera nuestra Madre y Madre de Dios ayudarnos a entrar en sintonía con la Palabra de Dios, para que Cristo se convierta en luz y guía de toda nuestra vida. A Ella encomendamos las vacaciones de todos, para que sean serenas y provechosas, pero sobre todo el verano de los que no pueden tener vacaciones porque se lo impide la edad, por motivos de salud o de trabajo, las limitaciones económicas u otros problemas, para que aun así sea un tiempo de distensión, animado por las amistades y momentos felices.
Papa Francisco. Ángelus. Plaza de San Pedro. Domingo 6 de agosto de 2017
Lectura del santo Evangelio según San Lucas 9, 28b-36
En aquel tiempo, tomó Jesús a Pedro, a Juan y a Santiago y subió a lo alto del monte para orar. Y, mientras oraba, el aspecto de su rostro cambió y sus vestidos brillaban de resplandor.
De repente, dos hombres conversaban con él: eran Moisés y Elías, que, apareciendo con gloria, hablaban de su éxodo, que él iba a consumar en Jerusalén.
Pedro y sus compañeros se caían de sueño, pero se espabilaron y vieron su gloria y a los dos hombres que estaban con él.
Mientras estos se alejaban de él, dijo Pedro a Jesús:
«Maestro, ¡qué bueno es que estemos aquí! Haremos tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías».
No sabía lo que decía.
Todavía estaba diciendo esto, cuando llegó una nube que los cubrió con su sombra. Se llenaron de temor al entrar en la nube.
Y una voz desde la nube decía:
«Este es mi Hijo, el Elegido, escuchadlo».
Después de oírse la voz, se encontró Jesús solo. Ellos guardaron silencio y, por aquellos días, no contaron a nadie nada de lo que habían visto.