miércoles, 17 de diciembre de 2014

El bautismo de Juan ¿de dónde venía? (Mateo 21, 23-27)




Tiene el poder pero no influye en la vida


El poder, las ganas de tener el poder, las estrategias para ser poderosos, las piruetas para mostrar la autoridad,… causan mucha angustia en nuestra vida. Una aparente autoridad nos da el reflejo mentiroso de dominio, pero en realidad mostramos debilidades difíciles de asumir.
La autoridad, el poder, en el hogar. Ya llega Navidad y quien tenga la aparente autoridad decidirá cómo y qué hacer para la fiesta de guardar. Pero lo que nadie puede decidir por otro es celebrar la navidad. La navidad es otra cosa. Celebra quien espera el nacimiento de Jesús, los otros harán lo propio, tragar y beber para satisfacer la pasión consumista. Este tipo de autoridad lleva a la infidelidad y la utilización, es la víspera de la soledad. Ojo, así, los hogares autoritarios terminan desautorizados.
Finalmente en el tema de la autoridad. Las personas dicen ser católicas pero no van a misa, no oran, no creen más que en un billete o en alguien que les dé nivel de exagerada colonia fina. Lo son sin autoridad. Eso es vivir sin religión. Igual sucede en las relaciones, las mujeres no asumen su autoría o equivocaciones y responden con violencia, infundiendo la duda, culpando y haciéndose víctimas sufridas. Los varones postergan palabras, se niegan al diálogo e incluso son violentos, su autoridad está en la plata que dan para el pan de cada día. Las llamadas telefónicas ya no son para decirse que se aman, sino para dar órdenes: se acabó el gas, la leche, los servicios, tú no hiciste esto, tú (eres el/la culpable de…). Demuestran más amor con el nuevo amigo o amiga que con quien dicen planificar un proyecto de vida; sin autoridad.
Nos remontamos a la discusión que hoy nos ilumina, seguramente es recurrente entre las estrategias de diálogos, juicios, entrevistas. Los fariseos se ven acorralados en su misma trampa, eso es, la trampa de la mentira enloda al mentiroso (a). Por eso, son conscientes de su fingida autoridad y no pueden responder ni con el “sí”, ni con el “no” y se remiten a la pregunta para infundir duda o decir que no conocen o ignoran dichos mensajes.
Lo cómico es que se da en gente que está acostumbrada a reconocer otra autoridad. Los judíos reconocían el poder militar de los romanos; el de Herodes aunque era un impostor o rey de facto porque no tenía las credenciales para ser rey de los judíos; el poder de los saduceos aunque corrupto e intrigante; el poder de combate de los zelotas, guerrilleros de la época; el poder académico de los escribas, aunque hipócritas. El mapa de los poderes  es conocido, pero Jesús no encaja en ninguno de estos casilleros, pues su autoridad es distinta, no hay forma de negociar.
Tenemos clara la autoridad y el poder de Cristo si nos hemos dado cuenta de que su autoridad es distinta. Tiene poder sobre los demonios, quebranta y expulsa al satanás, sobre las multitudes que le siguen y se preocupa por sus provisiones, para cambiar la vida de la gente como sus discípulos.
¿Qué poder real tiene Jesús sobre tu vida, has podido descubrir? Jesús presenta una clave: el bautismo de Juan. Si sabes sobre el arrepentimiento, la humildad, el servicio  Sin esta figura, sin el sincero arrepentimiento Jesús es desdibujado.



Evangelio según San Mateo

En aquel tiempo, Jesús llegó al templo y, mientras enseñaba, se le acercaron los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo para preguntarle:
- ¿Con qué autoridad haces esto? ¿Quién te ha dado semejante autoridad?
Jesús les replicó:
- Os voy a hacer yo también una pregunta; si me la contestáis, os diré yo también con qué autoridad hago esto.
El bautismo de Juan ¿de dónde venía, del cielo o de. los hombres?
Ellos se pusieron a deliberar:
- Si decimos "del cielo", nos dirá: "¿Por qué no le habéis creído?" Si le decimos "de los hombres", tememos a la gente; porque todos tienen a Juan por profeta.
Y respondieron a Jesús:
-No sabemos.
Él, por su parte, les dijo:
- Pues tampoco yo os digo con qué autoridad hago esto.

jueves, 11 de diciembre de 2014

Allanad los senderos del Señor (Marcos 1,1-8)





“La esperanza es el sueño del hombre despierto”. (Aristóteles)

Juan el Bautista es quien prepara el camino, él no es el camino ni el que recorre el camino a la meta por su propia cuenta. Está en el camino a la espera como el novio a la novia, como el Padre misericordiosos con los ojos prendidos en el camino de regreso del hijo pródigo. Entonces, el camino es el lugar de espera. Así la amada espera al amado en el Cantar de los Cantares, es un camino no para recorrer, sino para aguardar.
¿Pero entonces, si no recorremos ni somos el camino cómo se da la esperanza? Esperar, mirar, alertas, prevenidos, listos, vigilantes, sin sueños dorados. Quitar obstáculos que impiden ver, que dificulten la llegada del amado, cuidado con los ruidos o aquello que nos imposibilita ver el horizonte.
De manera real podemos identificarlo en la familia: allanamos las montañas de nuestro orgullo, la suegra se reconcilia con la nuera, entre hermanos se perdonan, el hijo al padre y/o la madre y los hijos allanan las desuniones y desplantes.




Levantamos los abismos, las depresiones de incredulidad, si conocemos a alguien triste entonces podemos buscar su alegría.
Además, preparar la Navidad no significa llenarse de aquello que no nos llevará a Dios. La Navidad no se celebra con derroche de dinero, sino con la paz, alegría. Cómo la preparamos entonces. No somos dioses, sino sólo administradores de unos pocos bienes que cada vez nos pueden hacer insatisfechos; pero no podemos reemplazar a Dios.
Así es cómo el camino del desierto, del quitar los obstáculos para que sea bienvenido el amado se convierte en un preludio del encuentro más amoroso.