viernes, 3 de abril de 2015

Luc.23.34.

Y Jesús decía: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen. Y repartieron entre sí sus vestidos, echando suertes.
35. Y el pueblo estaba mirando; y aun los gobernantes se burlaban de él, diciendo: A otros salvó; sálvese a sí mismo, si éste es el Cristo, el escogido de Dios.
36. Los soldados también le escarnecían, acercándose y presentándole vinagre,
37. y diciendo: Si tú eres el Rey de los judíos, sálvate a ti mismo.
38. Había también sobre él un título escrito con letras griegas, latinas y hebreas: ESTE ES EL REY DE LOS JUDÍOS.


En esta palabra se destaca la intimidad que existe entre el Padre y el Hijo. Así lo ha expresado Jesús: Si me amarais, os habríais regocijado, porque he dicho que voy al Padre; porque el Padre mayor es que yo…Mas para que el mundo conozca que amo al Padre, y como el Padre me mandó, así hago. Levantaos, vamos de aquí. (Juan 14: 15-31)

¡Perdónalos!
El perdón en la historia de la Sagrada Escritura, especialmente en las palabras de Jesucristo está presente.
Dios se ha ido manifestando como Padre, salvador, amoroso. El profeta Miqueas lo expresa: ¿Qué Dios como tú, que perdona la maldad, y olvida el pecado del remanente de su heredad? No retuvo para siempre su enojo, porque se deleita en misericordia (7,18). También en Génesis Abraham negocia con Dios: Entonces respondió Yahvé: “Si hallare en Sodoma cincuenta justos dentro de la ciudad, perdonaré a todo este lugar por amor a ellos” (18,23-26). José perdona a sus hermanos: “ahora te rogamos que perdones la maldad de los siervos del Dios de tu padre. Y José lloró mientras hablaban” (Gen. 50,17).

El mismo Jesús en el encuentro con la gente habla del perdón, es el que revoluciona contra la ley del Talión con el perdón a los enemigos. Muchas escenas en su vida cotidiana no han convencido a sus contemporáneos, pero es más seguro que no les interesaba ni convenía aceptar. Lo expreso el perdón en la oración del Padre Nuestro. Cuando contó las parábolas como la del Hijo Pródigo, el administrador astuto, el siervo perdonado pero que no perdona, la pecadora a punto de ser apedreada, su encuentro con la Samaritana en el pozo, la historia de María Magdalena, Zaqueo que se trepa para ser visto, Mateo detrás de un mostrador para cobrar impuestos. Todas las historias tienen como base la fe y el perdón: “tu fe te ha salvado”, “te perdono tus pecados”, “levántate y camina”.

La respuesta de algunos que están en su crucifixión levantan un clamoreo de blasfemias e insultos. Muchas pifias tratando de pedirle que muestre su poder para salir de la cruz. El fracaso del corazón del hombre está en que no quiere evitarle la cruz, sino exigirle que muestre cómo sale de la cruz y cómo la evita. Jesús no se deja vencer por esa tentación y sigue con su meta de salvarnos en la cruz.


  «PADRE, PERDÓNALOS PORQUE NO SABEN LO QUE HACEN» (LC. 23, 34)

Jesucristo quiere conmover a su Eterno Padre. Y dirigiéndose a Él le dice con inefable ternura: «Padre, perdónalos».
Jesucristo les reconoce culpables. Si no lo fueran no pediría perdón por ellos. El mundo no conocía el perdón. Es fácil amar; es heroico perdonar. Pero hay un heroísmo superior todavía al mismo perdón.
«Que no saben lo que hacen» No lo saben o no lo quieren saber porque conocer a Dios implica buena voluntad, corazón disponible, pero es más fácil matarlo.

Es la verdad: «Yo soy el camino, la verdad y la vida». Dios mismo lo ha presentado a Jesús en el bautismo: «Este es mi Hijo muy amado en el que tengo puestas todas mis complacencias. Escúchenle».
No saben lo que hacen si lo han visto: caminar sobre las aguas, multiplicar los panes, calmar la tempestad, resucitar a Lázaro, a la hija de Jairo, el hijo de la viuda de Nahím, limpió a los diez leprosos. ¡Pero si en todas las aldeas y ciudades de Galilea, de Samaria y de Judea has devuelto la vista a los ciegos y el oído a los sordos y el movimiento a los paralíticos, delante de todo el pueblo que te aclamaba y quería proclamarte rey!

¿Qué es lo que no sabemos lo que hacemos?

  • Cuando te vamos alejando de nuestra vida
  • En los momentos que gastamos nuestra vida en la multitud que clama tu crucifixión
  • Si nos hacemos cómplices de las burlas de tu presencia y palabra
  • Con nuestros manos que no son la proyección de tus manos
  • Al no perdonar y hacer germinar el rencor
  • Si insisto en tener la razón como reflejo de mi orgullo
  • Al justificar a toda costa mis mentiras e infidelidades
  • Al sentir que la humildad rompe mi falso concepto de éxito
  •  El tener mucho miedo al futuro
  • Tener miedo al dolor humano
  • Tener fobia a la soledad y al anonimato
  • Depositar mi confianza en los bienes y no en tu providencia
  • Amar con el corazón dividido, dos dioses, dos señores
  • apasionarme por tu crucifixión y no por la resurrección
  • No hacer algo y procrastinar
  • Alejarme y herir a quienes me aman
  • Criticar todo y no sentir alegría por algo
  • Juzgar con facilidad y no comprender
  • Reprimir, postergar, utilizar, marginar, reprimir, criticar




"Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen" (Lc 23,34)
Aunque he sido tu enemigo,
mi Jesús: como confieso,
ruega por mí: que, con eso,
seguro el perdón consigo.

Cuando loco te ofendí,
no supe lo que yo hacía:
sé, Jesús, del alma mía
y ruega al Padre por mí.

Señor y Dios mío, que por mi amor agonizaste en la cruz para pagar con tu sacrificio la deuda de mis pecados, y abriste tus divinos labios para alcanzarme el perdón de la divina justicia: ten misericordia de todos los hombres que están agonizando y de mí cuando me halle en igual caso: y por los méritos de tu preciosísima Sangre derramada para mi salvación, dame un dolor tan intenso de mis pecados, que expire con él en el regazo de tu infinita misericordia.

domingo, 29 de marzo de 2015

Domingo de la Pasión del Señor o de Ramos

¡Jesucristo es Señor!», 
para gloria de Dios Padre!

Domingo de la Pasión del Señor o de Ramos–Ciclo B (Marcos 14,1–15,47) – 29 de marzo de 2015


Con el Domingo de Ramos se inaugura la semana más importante del año para cada cristiano. La hermosura de las palmas y ramos nos introduce en la experiencia de vivir cada acto litúrgico celebrado solemnemente en el triduo pascual (pasión, muerte y resurrección de Jesús).

En el año 30 aproximadamente, un hombre llamado Jesús de Nazaret va camino a Jerusalén, cuidad ícono que concentra los cultos de la pascua judía. Jesús no es un actor teatral sino que vive realmente una misión, sabe lo que quiere y marcha en pro de sus objetivos. Su entrada triunfal en Jerusalén es improvisada pero esperada y anunciada en la misma Sagrada Escritura. Sin embargo, las alabanzas, los gritos de “Hosanna” no le ilusionan porque luego se convertirán en causales y los gritones en testigos de una falsa acusación: blasfemia, es más, se empeñarán en “buscar 5 patas al gato” para matarlo.

Así de cruel es la interioridad de la persona, las ansias de poder desarticulan corazones; ya el profeta Isaías (50, 4-7) habla de la humildad y la mansedumbre de “el siervo de Yahvé” que parece débil e indefenso frente a la ignominia de un mundo violento. ¿Qué consecuencias tendrá si llevamos ese mundo violento en nuestro corazón y también a nuestro hogar? En esa lucha, a un corazón con pesadilla le tiene sobresaltado la mansedumbre y que brille la verdad.

La humildad de Jesús, cabalgado un burro,  nos desubica. En el fondo, nos gustaría un Dios con buena billetera y muchas influencias. Ante un dios portentoso, seguramente, nos esforzaríamos mucho por ser sus amigos, fingiríamos urbanidad y vulgaridad para caerle bien. Jesús, humilde servidor, “Un estilo que nunca dejará de sorprendernos y ponernos en crisis: nunca nos acostumbraremos a un Dios humilde” (Papa Francisco, homilía de Domingo de Ramos 2015).

La humildad propuesta por Jesús no nos gusta mucho, es un estilo de vida de Dios para caminar junto a su pueblo; él soporta infidelidades y el pueblo responde con violencia. Es clara la aversión, las quejas, del pueblo contra un Dios que sólo quiere mostrarle la libertad, su verdad.

La entrada de Jesús en Jerusalén aparenta el “éxito” que nos llenaría de orgullo y vanidad. Pero esa espuma auto-suficiente que choca con los traumas de “poca cosa” es contraria a la humildad propuesta por Jesús, la cual es denominada ´por el Papa Francisco: mundanidad. Esa mundanidad que propuso el maligno en el desierto y Jesús la rechazó tajantemente.

Trabajar la humildad es una tarea cotidiana, para ser humildes hay que ser humillados. Y esa tarea sí parece desfasada y no nos gusta. En algunas circunstancias, herimos sin escrúpulos, triunfamos con la mentira, nos desubicamos por unos cuantos soles, nos malogramos la vida con bajas pasiones, nos desestabilizamos por nuestras dependencias, la lujuria nos deprime, el amor propio es un descomunal cuchillo que mata al verdadero amor (Dios).


Semana Santa inicia el Domingo de Ramos con la humildad de Jesucristo montado en un burro y la hermosura de los ramos, oiremos y veremos la historia de quién Siendo Dios no alardeó, sino que se hizo hombre como nosotros y ojalá nos hagamos humildes como Dios (Fil. 2, 6-11). Un Dios que siendo eterno optó por morir en la cruz, no destruyo con su poder sino que espero con su misericordia.

jueves, 25 de diciembre de 2014

La Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros (Juan 1,1-18)



“Hoy quiero un Belén diferente”

Este año, el nacimiento en nuestra radio es diferente. Sin ángeles, sin pastores, sin reyes, porque en nuestro pueblo ya casi no existen.
Los niños y los adultos no entienden que celebrara la navidad es celebrar el nacimiento de Jesús, humilde, libre de toda lujuria y gula. Sí Señor, tu Belén es tan diferente que hoy quiero poner en tus manos a un nacimiento diferente.

Un desempleado, un joven que no gozará de los beneficios laborales, chivo expiatorio de algún favor político. Un desempleado, víctima de las multinacionales con las manos callosas y arrugas en al frente. Una empleada alejada de toda ley laboral y de todo desarrollo. ¡En un desempleado duele verte y él Tiene vergüenza!

Un emigrante, sin patria, sin hogar ni papeles, de color con olor y hambre. Víctima de abusos en migraciones. ¡Ojalá en esta Navidad lo acoja alguien!

Una prostituta con mirada triste, con un corazón angustiado. Usada y juzgada por la mayoría de gente. ¡Quizá en esta Navidad se reencuentre con su dignidad.

Un drogadicto, aferrado a las estrellas y viajes artificiales, porque en la tierra no tiene presente. A sus familiares que sufren por rescatarlo. ¡Quizá esta Navidad encuentre en su vida el horizonte!
Un enfermo terminal, separado, aislado, tumbado en un lecho sin futuro y casi sin presente. ¡Quizá esta noche alguien se acerque a él y le ame!
Un interno (a) de los diferentes penales de Lima. Una mujer anhelando el hogar, su casa, su familia, Un hombre soñando con corregir los errores. Ellos, en esta soledad, en el interior de su vida te encuentren. ¡Quizá esta noche sienta tu libertad!
Un consumista, un consumidor empedernido que está triste por lo que no pudo comprar, angustiado por lo que no podrá comprar ni experimentar. ¡Ojalá que esta noche te descubra en la sencillez!
Una persona que se siente sola, los ancianos abandonados por los hijos, persona separada de la familia, no perdonada, criticada y anulada. ¡Que esta noche experimenten el amor de  la familia sagrada!
Una mujer que abortó, quiso despejar su camino y vio a su hijo como un obstáculo para la vida. Que en esta navidad encuentre la oportunidad para valorarte y amar la vida. ¡Ojalá hoy sea amada y perdonada!
Un incrédulo (a), indiferente, agnóstico (a),… que celebra la navidad como si fuera un carnaval. Que dice “Feliz Navidad” como un cliché. Abunda tu amor y misericordia en su corazón. ¡En esta Navidad te descubra en el amor, el perdón, sea valorado (a) y amado (a)!
Te presente, en este Belén diferente mi vida, con sus tristezas y alegrías, con sus debilidades y fortalezas. Tú la conoces toda. Te descubra como la Palabra que lo crea todo, ilumina la oscuridad, da vida y sentido. Que no sea el corazón que rechaza a la luz, a la Palabra, no te hospeda. ¡Que en esta Navidad te valore como Dios que acoges la humanidad para nosotros acoger tu divinidad!



sábado, 20 de diciembre de 2014

Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo (Lucas 1,26-38)



Esterilidad vencida

Hoy el arcángel Gabriel le anuncia a la Virgen María que va ser la Madre de Dios. La fiesta del Nacimiento de Jesús se acerca, las contracciones en nuestra vida nos alertan la gran revelación del verdadero rostro de Dios. Este acontecimiento de amor revoluciona nuestra historia aunque ya se encuentran modelos en el Antiguo Testamento.

Suena la palabra “esterilidad” y uno se remonta a la soledad, a sentirse castigado por Dios, a la no realización total en la vida, a la sequedad interior, a no dar fruto, a existir pero no vivir, a egoísmo, a mediocridad,… A planificación familiar con sentido de destrucción.
No sólo es el prejuicio de la gente, es cómo se siente la persona, cómo  la ven los que promueven la esterilidad. Sin embargo, en el Antiguo Testamento existen anuncios de Dios por medio de un ángel que superan la esterilidad y se convierten en una promesa victoriosa.
Por ejemplo, el anuncio del ángel a la esposa de Manoa para vencer la esterilidad. Sara la esposa de Abraham, no puede tener hijos pero por intervención divina da a luz a Isaac. Ana, estéril, por intervención de Dios da a luz a Samuel.  Isabel, mamá de Juan Bautista, proclama la grandeza del Señor sobre toda esterilidad.

Pero la esterilidad no deja de superarse sin la frase típica: “El Señor está contigo”. Es decir, quien a Dios tiene nada le falta, si Dios está de nuestra parte quién podrá destruirnos, Dios es mi todo. “No temas”, comienza el proyecto, enfrenta el combate, los momentos duros son superables, la soledad no existe, el sin sentido es una ficción, el fracaso es de los utilitaristas no de los que aman.
En el libro de los jueces se destaca “el Señor está contigo”, Jedeón, valiente guerrero. Se da fuerza y esperanza en la batalla. Jeremías anuncia también que “el Señor va estar con nosotros”. El Señor estaba cerca a José, hijo de Jacob, bajó al pozo con él. El Señor está en la humillación de Ana, mamá de Samuel. Dios no es indiferente, le quita la vergüenza a Isabel.
 Hoy, en la virgen María el ángel le muestra que supera toda esterilidad, el Señor está con ella. La fecundidad es parte de la plenitud y la victoria sobre el mal. Dios está por nacer, las contracciones alertan al cuidado, a la vigilancia, a la esperanza. En la Anunciación a la Virgen María se unen el gozo de la fecundidad y la alegría de la victoria cierta.